lunes, 28 de mayo de 2012

Champú de yerbabuena




Yo te lavo el pelo
ahora que se despueblan
los televisores
y entra el silencio
a poner perros guardianes
gatos marrones
y serenos en bicis montañeras
en los barrios.

O cuando el verano
cuece el aire
y se acumulan las cenizas
del vuelo del  comemaíz
en los parabrisas de los autos
aparcados
y un funcionario verde
deja recibos chamuscados
entre las hendijas de los portones
Yo te lavo el pelo.

                -En el último censo nacional
publicaron que los sábados
se festeja un cumpleaños
cada siete u ocho casas.
Esa noche abrimos una botella para celebrar
las pelusas con confeti que ensucian
el amanecer en la cochera del domingo-

Cuando un toyotita starlet
pasa perifoneando rebajas
en los encargos a San Antonio
canopys de cinco cables
entre las tasas de interés
o excursiones de un día
a las faldas de la modernidad

Yo te lavo el pelo
mi amor
con agüita fría de tubo
y champú de yerbabuena.

viernes, 30 de marzo de 2012

Carta de amor para los que están lejos




Es jueves. Cuando desperté
el viento propagaba un aroma seco en los barrios
y en las ventanas aparecía el mundo cicatrizando
bajo una franja azul de cielo.

-Marzo. Piso un error tectónico
un albur de los volcanes.
Esta ciudad que malvive de las mensualidades del olvido- pensé.

La inmovilidad nos está vedada
aunque a veces el espíritu parezca de piedra:
recuerdo la hormiga negra de Cortázar
paseándose por una corbata amarilla:
qué solemne cuenta su chiste a los que esperan
un aguacero improbable que refresque la siesta de esta tarde.

O tal vez visite a Carlos y Andrea
y les lleve un fruto seco, un humo.
Y hablemos de las parvadas de aves migratorias
que ornamentan el infortunio de los países democráticos.

Es una exageración, pero la ley antitabaco
ha institucionalizado el desamparo de los solitarios y los tristes
que ahora deambulan desorientados por las avenidas de este valle.

Invento un nombre para ustedes antes de volver a cerrar la puerta.
Todo en la casa está quieto.
No, no y no –digo sin escucharme mientras me dirijo al cuarto.

Marzo 2012

martes, 6 de marzo de 2012

Barking de Jim Harrison





Este poema se lo escuché al autor al final de uno del programas de Anthony Bourdain, “No reservations” (recomendado) que se hizo en Montana. Además, el esposo de Angelina Jolie, de soltero, actuó en una adaptación al cine de una de sus novelas (dato sin importancia, pero que vende).


La traducción, disculpen, es mía.

Barking

The moon comes up.
The moon goes down.
This is to inform you
that I did´nt die young.
Age swept past me
but I caught up.
Spring has begun here and each day
brings new birds up from Mexico.
Yesterday I got a call from the outside
world but I said no in thunder.
I was a dog on a short chain
and now there is no chain.

Ladrido

La luna sale.
La luna se pone.
Digo esto para informarles
que no morí joven.
Los años pasaron de largo
pero me puse al día.
Ya ha empezado la primavera y cada minuto
trae pájaros desde México.
Ayer recibí una llamada del mundo exterior
pero dije que no en trueno.
Fui un perro con una cadena corta,
ahora no hay cadena.

Jim Harrison

martes, 28 de febrero de 2012

Guerra avisada

Hoy desperté
silbando I´ve got you under my skin
y vi en su extensión el territorio
donde me han derrotado tantas veces
dormido
sus pechos acicalados por las hormigas
de otra derrota
respiraban como un caballo olvidado
en el campo de batalla

viernes, 10 de febrero de 2012

Canción de enero


Helen Levitt


A Fabián Coto

i

Cualquiera de estas noches resumimos.

Alguien, una mujer hermosa, escarba en su bolso,
busca una llave o un espejo,
tal vez monedas o un apunte;
desde otra mesa acordamos que esa imagen
podría perfectamente ser la eternidad.

Ahora nunca lloramos sobrios, costumbres que llegan con los años.

Otra imagen, otra mujer, en un cuento de Tabucchi,
se encuentra detenida sobre un paisaje árido,
una manada de caballos salvajes corren alrededor de ella
que cree estar desnuda y no entiende qué hace ahí,
mordiendo el polvo que levanta su visión:
Los emblemas de la nada, turn them into cash.

ii

Este enero amaneció con la última copa servida anoche
olvidada sobre la mesa, como única prueba de algún éxodo modesto,
como disipando el espíritu de la resaca
donde se cortan las luces de un sol joven.

Ah, pero desabastecimos el alma,
por dos o tres minutos cuajamos en hielo la sangre
y bailamos sobre el miedo antiguo donde los hijos prosperan
y se inventan la leyenda de los valientes
y el currículum de los indemnes recolectores de esquirlas;
por sentirnos bien, por alardear falsos cantos de cisne
que eran arcadas, turn them into cash.

iii

El tráfico aéreo sobre cualquier desierto
donde haya una columna y sobre ella un estilita,
recetas de cocina y de farmacia,
el encono de las loras mutiladas,
las ominosas sombras que se alargan
hasta desaparecer en la totalidad,
la deshonra de los atropellados,
aquella estrofa, si a mí me gusta que suenen,
pa’ qué los quiero engrasados,
la whirpool de la esposa del mecánico,
los retratos de familia,
el ángel bueno de Albertti como eufemismo para el gozo,
la electrificación de las guitarras, pero en casa, acústica,
y el vino y la cerveza, el trillito de migajas a la ebriedad,
las ganas de perder cuando se gana.

Hicimos varias listas.
El lánguido suceso de la amistad.
Los emblemas de la nada,
turn them into cash.

Febrero 2012

miércoles, 4 de enero de 2012

Versos sencillos y rocanrol criollo

Para empezar enero con un fuerzón: versos sencillo de Martí y un "buena nota" de Capmany y Café con Leche.






XXXIX


Cultivo una rosa blanca,
en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.


Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardo ni oruga cultivo:
cultivo la rosa blanca.


I


Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.


Yo vengo de todas partes,
y hacia todas partes voy:
arte soy entre las artes,
entre los montes, monte soy.


Yo sé los  nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños,
y de sublimes dolores.


yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.


Alas nacer vi en los hombros
de las mujeres hermosas:
y salir de los escombros,
volando mariposas.


He visto vivir a un hombre
con el puñal al costado,
sin decir jamás el nombre
de aquella que lo ha matado.


Rápida, como un reflejo,
dos veces vi el alma, dos:
cuando murió el pobre viejo,
cuando ella me dijo adiós.


Temblé una vez - en la reja,
a la entrada de la viña,-
cuando la bárbara abeja
picó en la frente a mi niña.


Gocé un vez, de tal suerte
que gocé cual nunca: cuando
la sentencia de mi muerte
leyó el alcaide llorando.


Oigo un suspiro, a través
de las tierras y la mar,
y no es un suspiro, es
que mi niño va a despertar.


Si dicen que del joyero
tomé la joya  mejor,
tomo a un amigo sincero
y pongo a un lado el amor.


Yo he visto al águila herida
volar al azul sereno,
y morir en su guarida
la víbora del veneno.


Yo sé bien que cuando el mundo
cede, lívido, al descanso,
sobre el silencio profundo
murmura el arrollo manso.


Yo he puesto la mano osada,
de horror y júbilo yerta,
sobre la estrella apagada
que cayó frente a mi puerta.


Oculto en mi pecho bravo
la pena que me lo hiere:
el hijo de un pueblo esclavo
vive por él, calla y muere.


Todo es hermoso y constante,
todo es música y razón,
y todo, como el diamante,
antes que luz es carbón.


Yo sé que el necio se entierra
con gran lujo y con gran llanto,
y que no hay fruta en la tierra
como la del camposanto.


Callo, y entiendo, y me quito
la pompa del rimador:
cuelgo de un árbol marchito
mi muceta de doctor.



lunes, 12 de diciembre de 2011

Dos pelis


Una demencial hasta la histeria colectiva, la otra amarga como la rabia que desagua nunca en llanto. Las  dos violentas. Una absurda, la otra más. Dos pelis situadas en la posguerra civil española. Una en alguna zona rural de Cataluña, la otra en las calles de Madrid. Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia y Pan Negro de Agustí Villaronga. Dos películas que  se nutren en el envilecimiento social que se cultiva en torno a los conflictos bélicos que fundan y refundan sociedades con parques para que los niños jueguen a matar y maten. Una con el humor negro y la estética recargada y sucia de los comics, la otra con el realismo polvoriento.  Poniéndole la nariz al payaso una, y el escupitajo en la cara al indolente la otra, en las dos pelis nadie gana. Todos pierden.

Nuria: ¿No te gustan los pájaros?... Pues lleno de pájaros muertos, disecados, así sería tu retrato: El retrato de un asesino de pájaros… Mano muerta, mano muerta, llama a esta puerta… Sabes qué, un día me gustaría pegar fuego a un pájaro; una bola de fuego volando por los aires, chillando hasta caerse por tierra: la lluvia de cenizas es cuanto quedaría del pájaro… ¿Tú has querido morirte alguna vez? Pues yo nunca me moriré entera, me iré muriendo poco a poco… un día una mano, otro día la otra. Piensa que ya estoy un poco enterrada y cuando esté bien muerta ¡mierda a los vivos! Mano muerta, mano muerta, ahora ya no podré morir.

Andreu: ¡Estáis loca!

De Pan negro

miércoles, 7 de diciembre de 2011

MORITURI no es un periódico


Después del agobio del final de los cursos del semestre se me ha vuelto a ensanchar el tiempo y he regresado a las buenas costumbres. Dormir a patas sueltas, anclado al sueño de mi esposa, volver a los sillones en penumbra de las salas de los amigos (despacito, porque del aislamiento siempre me cuesta salir) pensar en la escritura y para eso: leer. Entre los libros que tenía en espera, aunque el impaciente más bien era yo, estaba Morituri de Klaus Steinmetz.

Dice G.A. Chaves en la contratapa del libro:  “Morituri revela una inteligencia que sabe hacer arte con la emoción sin caer en manierismos ni poses. Condenada a la imaginación y a la violencia, la América que retrata Morituri es un mundo dantesco, tan lleno de color como de dolor.

Pues eso. Este es un libro que en sus poemas nos describe un mundo actual pero no separado del pasado, de lo que la historia pesa, de la densidad humana que a veces se anula tras la palabra multitud. Por eso en Morituri la relación más básica; la que existe entre dos personas o entre una persona y el escenario físico y psicológico que la contiene, sirve como vehículo para que la innumerable y compleja gama de relaciones humanas posibles, transiten del poema al lector y viceversa. Mediante el lenguaje poético, Klaus Steinmetz vuelve personas -que no mártires- a los personajes vaciados por la iteración en las notas de sucesos nacionales e internacionales de los periódicos. La imaginación, el sueño, la levedad, siguen siendo una vía, no de escape, sino de reconstitución.

Mitú, Colombia

(Él)

Que hubiese un hombre
engullido por la selva.

Que la verde catedral que es la selva
fuese una catedral
en la que tropiezan los ciegos
sin herirse.

Con una sola puerta de entrada
que se cerrase
tras la víctima.

Que las hostias fuesen esmeraldas.

Que ese hombre fuese una hostia
en la misa de los herejes,
de forajidos
que se hincan al fin.

Que la selva fuese un laberinto
sin salida
y los átomos dispersos en el aire
fuesen átomos alados
con pico
y malaria
en el pico
los átomos del aire.

Que ese hombre fuese
el alimento de la selva.

Y que esa vejación
fuese la única.

Que creyendo que escapa
se deslizase
a lo largo de la hipotenusa gástrica
de la selva.

Corriendo
como uno que escapa
o cree escapar.

Que ese hombre hubiese roto el candado
que lo aferraba al árbol
mientras sus captores
soñaban con mujeres.

Que en la noche adecuada
tibia y favorable
los secuestradores
soñasen con mulatas desnudas.

Que hubiese piedras cercanas
suaves a la mano herida
pero aptas para romper
viejos candados
devorados casi
por la selva.

Candados como viejos escorpiones.

Piedras como esmeraldas.

La gran catedral vegetal.

Que hubiese noches
en que ciertos hombres
inquebrantables
se fugasen
para fenecer libres
en el intestino de la Amazonia.

Que ese hombre corriese
y luchase
y trepase por el tronco de un gigante
y comiese de su corteza
y bebiese el caldo
en la axila de las ramas,
y devorase hormigas
y larvas de hormigas
y ranas
y ancas de rana
y gusanos
y no fuese atacado
ni mordido
por aquello que se mueve
en la eterna
y húmeda
penumbra.

Que ese hombre corriese
y una media docena
de indios mercenarios
apenas superando
sus oníricas erecciones
aceptasen lo que ya saben:
que en ese laberinto
todo se extravía
todo lo ajeno se muere
o se transforma
en musgo
en sedimento
en comida
en mierda.

Que el hombre fuese musgo.

Que se transformase en sedimento.

Que fuese comida.

Mierda.

Que ese hombre saltase sobre las raíces
esquivase los grandes pilares
de madera,
las ciudades de tarántulas,
la guarida
de algún depredador
aún no descubierto por la ciencia.

Que corriese
como si volase
como si tuviese alas en los talones
como si un magneto único
lo atrajese solo a él:
la gravedad íntima
de un planeta
que es su casa.

Como si aún tuviese fuerza
para mover
las atrofiadas
articulaciones.

Como si volase.

Y sus pies ampollados
no requiriesen
apoyar la torturada planta
en el suelo escamado.

Que los hombres volasen
y por ende
ese hombre volase.

Que volase y construyese
un hogar en el dosel
de la jungla
y se sentase junto a la hembra
y le diese lombrices
que se revuelven
ante la proximidad
de su sacrificio.

Y que esa hembra estuviese
sentada sobre sendos huevos
de colores.

Que nada lo alejase de ese nido suyo
tan alto
tan oculto
tan secreto.

Que nunca callase.

Ni fuese nunca obligado
a callar.

Que llegase esa noche.

Que pudiese librarse.

Que si no pudiese
ponerse en pie,
(quebrado
retorcido
asmático
patético
sifilítico)
se dejase resbalar
por la garganta
esmeralda.

Que un hombre fuese
una serpiente
lúbrica
inasible.

Un bicho que se desplazase
reptando
entre hongos venenosos
y pequeños mamíferos
aterrados.

Que un hombre
engullese la selva.

Que fuese su dios,
su goloso dios.

O que al menos fuese
su pene desprendido
que repta.

Que el pene desprendido de dios
penetrase
la vagina de la selva
y nunca más
hallase
la salida.

Klaus Steinmetz, Morituri, Editorial Germinal, San José, Costa Rica, 2011 (pp 61-66)